viernes, julio 21, 2006

Giusseppe Ungaretti / Italia




La piedad


1

Yo soy un hombre herido

Y me quisiera ir
y llegar finalmente,
Piedad, donde se oye
al hombre solo consigo.

Sólo soberbia y bondad tengo.

Y me siento exiliado entre los hombres.

Mas por ellos padezco.

¿No sería digno de volver en mí?

He poblado de nombres el silencio.

¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en servidumbre de palabras?

Reino sobre fantasmas

Ay hojas secas,
Alma llevada aquí y allá…

No, detesto el viento y su voz
de bestia inmemorial.

Oh Dios, aquellos que me imploran,
¿Nada más que de nombre te conocen?

Me has desechado de la vida.

¿Me desecharás de la muerte?

Tal vez ni aún de esperar es digno el hombre.

¿Se agotó hasta la fuente del remordimiento?

El pecado qué importa
si ya no lleva la pureza.

La carne apenas si se acuerda
de que era fuerte un día.

Está loca y gastada el alma.

Dios, mira la flaqueza nuestra.

Quisiéramos una certeza.

¿Ya ni te ríes de nosotros?

Y compadécenos, pues, crueldad.

No puedo más de estar emparedado
en el deseo sin amor.

Un rastro de justicia muéstranos.

¿Tu ley cuál es?

Fulmíname mis pobres emociones,
Libérame de la inquietud.

Estoy harto de aullar sin tener voz.


Giusseppe Ungaretti



G. Ungaretti




Lejos

Lejos lejos
como a un ciego
me han llevado de la mano


Giusseppe Ungaretti




Poeta y profesor de literatura italiano, nacido en Alejandría, Egipto, el 10 de febrero de 1888. Mientras estudiaba en el colegio suizo de aquella ciudad, se familiarizó con la literatura francesa, lo cual lo preparó para vivir dos años, de 1912 a 1914, en París, en donde estudió en la Universidad de la Sorbona. Allí hizo amistad con poetas como Guillaume Apollinaire, Charles Péguy y Paul Valéry. Fue soldado en la I Guerra Mundial. Trabajó en el ministerio de Asuntos Exteriores en Roma y luego como periodista en 1930, también ejerció como profesor de literatura italiana, primero en São Paulo, Brasil, entre 1936 y 1942, y más tarde en Roma, hasta el año 1959. Publicó numerosos libros de poesía, entre los cuales destaca la serie La vida de un hombre (1942-1961), que le aportó una gran reputación como uno de los fundadores del hermetismo, movimiento que exalta la poesía basada en los sentimientos personales, y al que pertenecieron también Eugenio Montale y Salvatore Quasimodo. Ungaretti fue también un excelente traductor, y vertió al italiano obras como Fedra de Racine, una colección de sonetos de Shakespeare, y poemas de Stéphane Mallarmé y William Blake.
A partir de su obra surge una nueva tendencia de la lírica en verso: La metáfora-espejo, donde el mundo se mira a sí mismo y se reconoce, volviéndose real. En su poesía late la necesidad de recobrar la inocencia primera, perdida y olvidada por el hombre moderno, esclavo de esclavos. Murió en Roma, en las primeras horas del 2 de Junio 1970.

5 Comments:

Anonymous noemi said...

Precioso!

11:22 a. m.  
Anonymous Apostillas literarias said...

"La metáfora-espejo, donde el mundo se mira a sí mismo y se reconoce, volviéndose real"... un tema muy interesante del que me gustaría saber más.

5:08 p. m.  
Blogger Luis Martínez Álvarez said...

Saludos Mimí.

Excelente, Magda, profundizaré en el tema y te mando más info. Saludos!

10:52 a. m.  
Anonymous angel said...

Estupenda selección de Ungaretti, uno mis autores favoritos. La información que acerca de él puntualmente añades me resulta muy valiiosa y, por tanto, agradecible. Un gustazo recorrer tus espacios.


Saludos

11:19 a. m.  
Blogger palabraserrantes said...

Qué fuerza poética hay en cada línea, en cada verso.
Es un grito afónico, de claridad obscena, meridiana.
Lo he leído como seis veces.
Otra vez, gracias por la reseña.
Luego te envío por mail unas preguntas si no es molestia.

Saludos Luis

7:19 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home